This article has been translated by Ana María González, retired professor of Spanish and French at Texas Lutheran University. Read the story in English here.

Un sábado por la mañana a principios de noviembre, una niña de 7 años puso en práctica sus habilidades como DJ para un evento de Girls Inc. en Brooks. Mientras tocaba música pop para la multitud ahí reunida, apareció un oficial de policía en respuesta a una queja por ruido de un residente en el complejo de apartamentos cercano.

Con diligencia, los organizadores del evento bajaron un poco el volumen. Rik Wederstrandt, director del programa de educación artística y musical AM Project, que proporcionó a los DJ, lo calificó como una lección para los jóvenes participantes sobre cómo aprender a llevarse bien con sus comunidades.

Sin embargo Sergio Acosta, dueño del Social Spot en la calle 10 en el centro, ha tenido una experiencia diferente. Cuatro veces desde que comenzó un nuevo Programa Piloto de Ordenanza de Ruido el 7 de octubre, los gerentes del bar de Acosta han recibido infracciones del ayuntamiento de San Antonio por problemas de ruido.

El programa piloto fue llevado a cabo por el administrador municipal, Erik Walsh, para complementar los esfuerzos del Grupo de Trabajo de la Ordenanza sobre el Ruido, que se originó en marzo a raíz de un esfuerzo del concejal Clayton Perry (D10) y el concejal Roberto Treviño, que entonces representaba al Distrito 1. Ambos habían tenido que atender con frecuencia quejas por ruido de los residentes en sus distritos, principalmente molestos por la música alta proveniente de los negocios cercanos, y reconocieron la necesidad de una solución viable.

El grupo de trabajo de 15 miembros está encargado de hacer que la ordenanza existente sobre el ruido sea más fácil de entender y de que se haga cumplir, “para que los residentes puedan disfrutar pacíficamente y en silencio de su hogar sin tener que recurrir a presentar una queja a sus vecinos de los comercios”, según una solicitud presentada al concejo para su consideración. Además del desafío de revisar la ordenanza, están las preocupaciones de los residentes de que las empresas están demasiado bien representadas en el grupo de trabajo, pero que en realidad a las empresas les preocupa que el grupo esté completamente centrado en unos cuantos lugares en particular y necesita una mejor representación de todos los distritos.

Rigo Luna, de la galería Presa House en South Presa Street, expresó que ha estado realizando programas musicales durante nueve años sin problemas, pero desde que se instituyó el programa piloto, recibió una infracción durante el evento del quinto aniversario del lugar el 22 de octubre, después de haber movido los espectáculos de música al aire libre debido a sus esfuerzos para la prevención de COVID-19. El oficial de aplicación del código apareció sin previo aviso, luego un oficial de SAPD llegó más tarde con la multa.

“Confiaba en que habíamos estado haciendo nuestra parte para ser tranquilos en el barrio y no molestar a nadie”, indicó Luna.

La infracción lo obligó a apagar la música, al menos hasta su fecha de audiencia en enero, y teme por el futuro de su establecimiento. “Ojalá hubiera una manera para que todos encontraran un término medio”, señaló.

Incidentes como los anteriores podrían volverse más comunes si la aplicación legal se ajusta al pie de la letra, que actualmente limita los niveles de ruido a 70 decibelios para las empresas durante las horas de operación hasta las 11 p.m. viernes y sábados, y hasta las 10 p.m. las otras noches, con multas de entre $100 y $500 por violaciones al reglamento. La ordenanza también contiene disposiciones para las infracciones de “molestias habituales por ruido”, que se tratan de manera más estricta.

Identificando con firmeza las violaciones

El concejal Mario Bravo, quien venció a Treviño en las elecciones de junio y ahora forma parte del grupo de trabajo, explicó que no quiere ver que los lugares se desanimen a presentar música en vivo, pero, “al mismo tiempo, quiero que todos los que viven en un barrio puedan mantener su calidad de vida y dormir bien por la noche… Así que estoy buscando un enfoque equilibrado”.

La mayoría de las quejas por ruido recibidas por el Departamento de Policía de San Antonio son de complejos de apartamentos, no de negocios, aclaró el capitán de SAPD, Randall Smith, miembro del grupo de trabajo, durante una reunión del mismo en agosto. Sin embargo, el grupo ha centrado la mayor parte de su atención en el ruido que proviene de los negocios ubicados cerca de las zonas residenciales, como St. Mary’s Strip y a lo largo de Broadway Street, donde se encuentran muchos bares, restaurantes y discotecas.

Según los registros de SAPD, las quejas centradas en bares y restaurantes ascendieron a 475 desde el primero de enero de 2020 hasta el 21 de julio de 2021, solo el 1% del total de 53,564 quejas registradas por música alta. Sin embargo, Bravo aseguró que la proporción es engañosa porque si bien los residentes de apartamentos o los propietarios de viviendas pueden organizar una fiesta ruidosa ocasionalmente, es más probable que los negocios que ofrecen música en vivo o amplificada sean infractores constantes.

El miembro del grupo de trabajo Sam Aguirre ha vivido en el barrio de Tobin Hill cerca de St. Mary’s Strip durante dos décadas.

“Es genial vivir en una parte de la ciudad donde se pueda caminar a lugares de entretenimiento [como bares y restaurantes]. Así que eso es positivo”, aseguró Aguirre. “Pero estábamos empezando a tener un alboroto ruidoso, como un ruido loco. Llegó a ser realmente molesto para los residentes”.

Aguirre apuntó que el problema va más allá de los límites de decibelios. Le gustaría ver reglas especiales de ruido que se apliquen al River Walk aplicadas a St. Mary’s Strip: sin sonido amplificado al aire libre, sin ruido después de las 10 p.m. diariamente y con un límite de 72 decibeles.

Acosta afirmó que su interés es llevarse bien con sus vecinos de la calle 10, de los que depende su negocio. Después de recibir algunas quejas por ruido al abrir por primera vez en 2017, el bar ahora mantiene un medidor de sonido en el lugar para garantizar el cumplimiento de la ordenanza. Sin embargo, un residente del recientemente construido complejo de apartamentos Flats at River North últimamente ha presentado quejas sobre el sonido que proviene del patio exterior del bar.

Acosta ajustó la posición del sistema de sonido y el diseño del patio para ayudar a evitar un problema, pero agregó que los oficiales para el cumplimiento del código municipal en el programa piloto han realizado visitas sin previo aviso, y que registraron ruido por encima del límite de decibelios sin avisarle, en lugar de enviar policías para presentarle estas amonestaciones.

Desde que comenzó el programa piloto el mes pasado, la división de cumplimiento del código del Departamento de Servicios de Desarrollo ha investigado 881 quejas por ruido en los 10 distritos de la ciudad, con 127 incidentes referidos al SAPD y 66 citaciones dadas por oficiales encargados del cumplimiento del código o policías.

El programa piloto se estableció inicialmente para una ejecución de tres meses, pero se ha extendido a seis, aclaró Perry, con el fin de recopilar una gama más amplia de información para consideración del grupo de trabajo.

El susurrador de ruidos

El grupo de trabajo en sí ha superado su duración impuesta de 90 días y probablemente entrará a principios de la primavera debido a la complejidad de los problemas involucrados, puntualizó Perry.

“Ha habido muchas discusiones realmente buenas en las reuniones hasta ahora, y no estamos cerca de terminar”, agregó. “Sabíamos que esto iba a tomar mucho, mucho tiempo para solucionarlo, pero seguiremos trabajando en ello”.

El consultor de sonido cívico de Austin, Don Pitts, llamado “susurrador de ruido” por quienes están familiarizados con su trabajo, indicó que enfrentar a los negocios con los residentes crea una “mentalidad de nosotros contra ellos”, lo que a la vez causa un problema fundamental sobre tales esfuerzos realizados con el fin de establecer ordenanzas de ruido viables.

Pitts trabajó durante años en la industria musical de Austin, luego ayudó a lograr una reducción del 70% en las quejas por ruido durante su labor de siete años trabajando en ordenanzas de sonido con el gobierno municipal de Austin.

Ahora dirige Sound Music Cities, una consultora que trabaja con las ciudades sobre cómo diseñar ordenanzas que respondan razonablemente a las preocupaciones de los residentes a la vez que permitan que la música y el entretenimiento prosperen.

Como defensor de la música, Pitts declaró que “es… útil considerar un cambio en la comprensión” con respecto al nombre mismo de la ordenanza. “El ‘ruido’ requiere regulación, mientras que el ‘sonido’ requiere gestión”, aclaró.

De acuerdo al sitio web de Sound Music Cities, la gestión del sonido eficaz se deriva de un enfoque colaborativo e inclusivo que considera la música como parte del tejido cívico en general, una faceta entre “iniciativas cívicas amplias como la asequibilidad de la vivienda, el espacio para trabajar, la atención médica, la diversidad, la equidad, el desarrollo de pequeñas empresas y la reforma regulatoria”.

Pitts aseguró que su experiencia trabajando con varias ciudades ha demostrado que “una política sólida y efectiva separa claramente a los buenos actores de los malos y permite a los operadores ser estables y exitosos con los servicios de entretenimiento que brindan si cumplen debidamente con las pautas”.

Una ordenanza exitosa “genera confianza en la industria de la música comercial y al mismo tiempo aborda la calidad de vida del resto de la ciudad”, añadió.

The VFW 76 Post sits within earshot of the Jones and Rio apartments on W Jones Avenue.
El VFW Post 76 se encuentra al alcance del oído de los apartamentos Jones & Rio en W. Jones Avenue. Credit: Bria Woods / San Antonio Report

No es un problema nuevo

El problema no es nuevo para San Antonio ni para el corredor de Broadway.

Treviño relató cómo la Ciudad pudo resolver una queja de ruido persistente basada en la música proveniente del VFW Post 76 y otros lugares a lo largo de Museum Reach cerca de los complejos de los apartamentos Jones y Rio.

Anunciado como “el puesto más antiguo de Texas”, el jardín de cerveza Post 76 Canteen organiza eventos y regularmente ofrece noches de karaoke y música con DJ, pero se encontró con un problema común entre los lugares establecidos ubicados cerca de nuevos desarrollos residenciales.

Treviño se asoció con la Autoridad del Río San Antonio para realizar un estudio de campo en 2019, contratando a un ingeniero acústico para medir los niveles alrededor de los establecimientos, las residencias y la parte del River Walk entre ellos.

Los resultados del estudio se centraron principalmente en la construcción de edificios y recomendaron el uso de materiales que aíslen los interiores residenciales del sonido exterior, pero Treviño destacó que se pusieron en juego otras soluciones simples, como cambiar la orientación de los sistemas de altavoces.

“Al final, todos convivieron”, aseguró. “Esos apartamentos todavía están allí, el VFW Post está haciendo lo que normalmente hace todos los días”. Sin embargo, desde entonces se han abierto varios lugares nuevos en el área, tales como El Camino y Elsewhere, que utilizan música amplificada al aire libre.

Si bien no sería práctico realizar estudios detallados para cada instancia, apuntó que el resultado proporciona un modelo potencial para modificaciones a la ordenanza actual.

“Tener una mejor ordenanza sobre el ruido nos ayudará a abordar esas preocupaciones típicas, de modo que el resultado beneficie a todos”, agregó Treviño.

Bravo señaló la resistencia a imponer nuevas regulaciones sobre la construcción, citando los muchos edificios históricos en el Distrito 1 construidos con anterioridad al uso de materiales aislantes del sonido. Recomendó que el grupo de trabajo contratara a un profesional sólido, del que se carece actualmente, e hizo eco de la idea sobre un enfoque colaborativo y orientado a las soluciones elaboradas por Pitts.

“Necesitamos llegar a un consenso”, enfatizó. “Debemos asegurarnos de que cualquier nueva política y procedimiento en el futuro estén alineados con la visión de la comunidad.”

Para Acosta, una visión comunitaria debe tener en cuenta lo que significa para una ciudad tener un centro vibrante.

En cualquier ciudad densamente poblada que tenga tanto una vida nocturna como una cultura vibrante, aclaró, “vas a tener ese ruido” por encima del límite actual de 70 decibeles. “Tal vez necesitemos aumentarlo”, declaró. “Y para las personas que se quejan de eso, tal vez la vida urbana en el centro de la ciudad no sea como ellos pensaban”.

Nicholas Frank

Nicholas Frank moved from Milwaukee to San Antonio following a 2017 Artpace residency. Prior to that he taught college fine arts, curated a university contemporary art program, toured with an indie rock...