This article has been translated by Ana María González, retired professor of Spanish and French at Texas Lutheran University. Read the story in English here.

Hace cien años, los lechos de los arroyos que convergían cerca de lo que ahora es el puente de la Interestatal 10 en el lado oeste de San Antonio se convirtieron en un torrente furioso. Las fuertes lluvias convirtieron los arroyos San Pedro y Apache en una masa de casas destrozadas, árboles y cuerpos de personas y animales arrastrados por la corriente.

En un avance rápido hasta el día de hoy, un visitante del área puede ver una confluencia de senderos de concreto para caminar y andar en bicicleta. Más cambios están en camino para el West Side a medida que los gobiernos locales expanden los senderos del área en parques lineales como los que ya se construyeron en el río San Antonio y sus afluentes en el North Side.

Como parte de un programa de infraestructura de casi 10 años y $616 millones, el condado de Béxar propone gastar más de $227 millones en la construcción de millas de nuevas vías verdes e instalaciones complementarias a lo largo de las vías fluviales locales. De eso, $57.6 millones están destinados a los arroyos Alazán, Apache, Martínez, San Pedro y Zarzamora, que juntos componen lo que se conoce como Westside Creeks.

“Ha llegado su momento”, expresó Steve Graham, subdirector de la Autoridad del Río San Antonio, que a menudo trabaja para el condado como director de proyectos en la construcción de parques lineales a lo largo de las vías fluviales locales.

Pero el diluvio de fondos públicos ha provocado un temor entre los defensores de la vivienda asequible: la gentrificación. A medida que el dinero ingresa a Westside Creeks, ¿el aumento de los impuestos a la propiedad y las tácticas agresivas de los especuladores de tierras terminarán obligando a los residentes a abandonar sus hogares de toda la vida?

“Para muchos de mis vecinos en el Distrito 5, cuando escuchamos o vemos embellecimiento, a menudo es sinónimo de aumento de los impuestos a la propiedad, prácticas de bienes raíces depredadoras y desplazamiento”, explicó Teri Castillo, concejal recién electa cuyo distrito incluye gran parte del lado oeste.

Alazan Creek flows past the Lincoln Heights Courts on San Antonio’s West Side on Thursday.
Vista del Alazan Creek sobre Lincoln Heights en el lado oeste de San Antonio el jueves. Credit: Nick Wagner / San Antonio Report

Las preocupaciones de Castillo tienen precedentes. En Mission Reach del río San Antonio al sur del centro de la ciudad, una reforma de principios de la década de 2000 que reformó el río y agregó nuevos senderos provocó el desplazamiento de residentes en Mission Trails RV Park y el nuevo desarrollo en el área ha aumentado el valor de las propiedades. La situación de Mission Trails se ha convertido en un ejemplo ampliamente citado de un efecto secundario negativo de los proyectos de vías verdes locales.

El juez del condado de Béxar Nelson Wolff, el funcionario electo mayormente responsable de igualar los fondos federales con dólares locales para mejorar las cuencas hidrográficas de San Antonio, cree que los grandes beneficios de tales mejoras superan cualquier inconveniente.

“‘No arregle nada en mi vecindario, por el amor de Dios’, es una locura que la gente diga eso”, comentó Wolff en una entrevista telefónica la semana pasada.

Graham, que trabaja en estrecha colaboración con los funcionarios del ayuntamiento y el condado, afirmó que una posible solución sería que la Legislatura de Texas permita que los distritos de tasación congelen los impuestos a la propiedad para las personas que viven en áreas pobres que están encarando esta gentrificación.

“No hay mucho que la ciudad o el condado puedan hacer”, aseguró Graham. “Todos reconocemos la gentrificación como un problema. No podemos hacer mucho para evitarla. Es como, ¿quieres que haya inversión o no? Por supuesto, todo el mundo la espera, por lo que tenemos consecuencias”.

Las inundaciones del lado oeste impulsaron el movimiento por la justicia

Durante el siglo XIX y la mayor parte del XX, la inversión pública no tomó en cuenta los arroyos del lado oeste, centrándose en cambio en el río San Antonio y los lechos de arroyos que bordean el terreno de rancho de rápido desarrollo en el lado norte de la ciudad. Una inversión tan desigual provocó repetidos desastres por inundaciones en el West Side, el que causó mayores muertes fue el diluvio que afectó a San Antonio del 9 al 10 de septiembre de 1921.

Este mes, el historiador ambiental y exprofesor de Trinity University, Char Miller, publicó West Side Rising: How San Antonio’s 1921 Flood Devastated a City and Sparked a Latino Environmental Justice Movement (El levantamiento de West Side: cómo la inundación de San Antonio de 1921 devastó una ciudad y provocó un movimiento latino de justicia ambiental), libro que constituye el relato más completo hasta ahora de la inundación que provocó la muerte a más de 80 personas.

Después de la inundación de 1921, que también arrasó el centro de la ciudad, los líderes locales respondieron con la construcción de la presa Olmos, protegiendo el centro de la ciudad pero descuidando los barrios predominantemente mexicanos y mexicoamericanos donde vivían muchos de sus trabajadores.

Eso indignó a los residentes de Westside, que comenzaron a organizarse de manera agresiva después de repetidas inundaciones en las décadas de 1940 y 1960, y finalmente formaron la COPS/Metro Alliance en la década de 1970, que sigue siendo un factor importante en la política de San Antonio. Miller considera que la ciudad es el lugar de nacimiento poco reconocido del movimiento por la justicia ambiental, que enfatiza que las personas de todos los orígenes merecen un lugar saludable para vivir.

“Esgrimiendo lo que ahora llamamos el lenguaje de la justicia ambiental, estos manifestantes desafiaron las desigualdades sociales, la discriminación política y las cargas desproporcionadas que aguantaron, y lo hicieron a través de un intenso proceso de autodidactismo que puso al descubierto el contexto político de su mundo”, escribe Miller, ahora profesor de análisis ambiental e historia en Pomona College.

No todos los cambios fueron locales. Desde finales de la década de 1950 hasta la de 1980, los programas federales de control de inundaciones convirtieron el río San Antonio y sus arroyos en canales de drenaje revestidos de concreto. El esfuerzo fue imparcial en el sentido de que trató al río San Antonio y a los arroyos Westside de la misma manera, pero con mano dura en la forma en que trató el medio ambiente.

“Pasamos de un entorno de arroyo hermoso e idílico que tenía problemas de inundaciones a un canal trapezoidal diseñado que era muy eficiente para transportar las aguas de la inundación”, aclaró Graham. “Pero realmente devastó todo el valor ecológico, el valor recreativo y la conexión de la comunidad con ese recurso hídrico.

A bicyclist poses for a sunset photo with her bike near Elmendorf Lake on Wednesday.
Una ciclista posa para una foto del atardecer cerca del lago Elmendorf el miércoles. Credit: Nick Wagner / San Antonio Report

A nivel local, la organización de base de los residentes del Westside también incitó a los funcionarios a desviar más fondos locales a sus barrios. Un cambio clave ocurrió en 1977, cuando el Concejo Municipal, enfrentándose a la presión del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, cambió la estructura del Concejo para garantizar que todas las partes de la ciudad tuvieran el mismo poder de voto.

San Antonio tardó otros 20 años en adoptar sus primeras regulaciones de drenaje, que desde entonces se han actualizado varias veces. Nefi Garza, el subdirector del Departamento de Obras Públicas de la ciudad que es responsable de los problemas de aguas pluviales, explicó que el código requiere que los inversionistas asuman más de los costos de las inundaciones que sus proyectos a menudo causan corriente abajo.

En muchas otras ciudades, “si puedes demostrar que tu urbanización no va a causarle una inundación a nadie, puedes salirte con la tuya”, añadió Garza. “Se les permite construir lo que sea”.

Pero en San Antonio, un inversionista primero tiene que demostrar que su proyecto no causará corrientes de inundación. Si es así, tienen que construir una cuenca de drenaje, un canal u otra forma de control de inundaciones.

Incluso si el proyecto no empeora las inundaciones, el inversionista aún tiene que contribuir para un fondo local que se utiliza para abordar áreas históricamente desatendidas. Garza aseguró que eso se debe a que el endurecimiento de la tierra río arriba provocará inevitablemente más inundaciones río abajo.

“Tomo ese dinero y lo reinvierto en una comunidad que no ha tenido desarrollo en muchos años”, enfatizó Garza. “Utilizo ese dinero para hacer proyectos en Westside Creeks, en el South Side, en el East Side, en áreas que no han tenido desarrollo en mucho tiempo. Así que es una forma de intentar reparar, por así decirlo, algunas de las malas decisiones que se tomaron en el pasado”.

Todavía queda un largo camino por recorrer. La ciudad todavía tiene un atraso de casi $3 mil millones en proyectos de control de inundaciones, aclaró Garza. Gran parte de ese atraso se encuentra en barrios más antiguos y de bajos ingresos construidos antes de que se establecieran los códigos de drenaje modernos.

Aún así, como dice Graham, la “protección fácil contra inundaciones se ha hecho”. Ahora, la atención se centra en “la restauración del ecosistema, la recreación y la creación de valor para la comunidad”, afirmó.

Eso deja la pregunta de cómo cambiarán los barrios del Westside a medida que una avalancha de fondos de senderos se va río abajo.

Las inversiones en senderos conducen a temores de gentrificación

La familia de Amelia Valdez ha vivido en el West Side desde la década de 1920. Sus antepasados ​​emigraron de México y se asentaron en la calle Navidad. Vivían en corrales, viviendas comunales densamente pobladas, trabajaban en agricultura y en depósitos ferroviarios cercanos descargando frutas y verduras.

Valdez, que vive cerca del Parque Cassiano, a menudo anda en bicicleta por los senderos del lado oeste, donde ve a sus vecinos caminar, correr o andar en bicicleta para ir a trabajar en el centro a través de senderos que se conectan con el río San Antonio.

“Es una vista hermosa, familias que pasean en bicicleta a ciertas horas con sus luces encendidas”, expresó Valdez. “Es genial, pero con suerte, con el dinero que viene, lo usarán para las necesidades esenciales que deben recorrer estos senderos”.

Valdez nota diferencias en el West Side en comparación con los senderos en otras partes de la ciudad, como una relativa falta de baños limpios, fuentes de agua y áreas de sombra. El programa de bicicletas compartidas de San Antonio, que la empresa privada de bicicletas Trek adquirió en mayo, tampoco tiene estaciones de alquiler de bicicletas cerca de Westside Creeks, señaló.

“Le digo a todos los concejales, a todos los dignatarios, a todos los presidentes de cualquier lugar, que vayan a hacer un recorrido por este lugar y verán la diferencia en cómo se ponen las cosas en el centro de la ciudad”, aseguró Valdez.

Con algunas excepciones importantes, el sistema de senderos de vías verdes de San Antonio beneficia principalmente al North Side y al centro de la ciudad. El sistema de senderos Howard W. Peak Greenway de aproximadamente 80 millas ha producido extensas redes de senderos a lo largo de los arroyos Leon y Salado; los equipos de la ciudad están a punto de conectar las vías verdes en el parque Eisenhower al norte del circuito 1604. En el lado sur rural, la ciudad también ha construido la vía verde del río Medina de 14 millas.

La mayoría de los arroyos del lado oeste siguen siendo los mismos canales de drenaje trapezoidales que han sido durante décadas. Pero eso está empezando a cambiar. Un sendero de concreto de 5 millas ahora conecta Elmendorf Lake, junto a Our Lady of the Lake University, con San Pedro Creek y eventualmente con el río San Antonio en Confluence Park. Otros segmentos de senderos cortos también han entrado en Alazán Creek cerca de Woodlawn Lake y a lo largo de Martinez Creek entre Cincinnati Avenue y Fredericksburg Road.

Cosima Colvin, quien representa al Distrito 1 del centro de la ciudad en la junta asesora de parques lineales de la ciudad, describió la reacción a estos nuevos senderos del lado oeste como “en su mayoría buena”. Sin embargo, para que tengan éxito a largo plazo, los funcionarios locales deberán escuchar atentamente a las personas que viven cerca.

“Mientras la gente local lo use y lo defienda, así es como logrará que la comunidad se sume”, aseguró Colvin. “No es que para que entremos y digamos: ‘Te hemos traído esta cosa maravillosa, por favor ven y disfrútala'”.

Castillo, la concejal del Distrito 5, dijo que las inversiones para “estabilizar el barrio” deben acompañar a los proyectos del arroyo como una medida para contrarrestar la gentrificación. Es probable que la propuesta de bonos de San Antonio para 2022 incluya $250 millones para viviendas asequibles.

“Podemos invertir en los arroyos y podemos invertir en nuestros vecindarios”, explicó Castillo.

Brendan Gibbons

Brendan Gibbons is the San Antonio Report's environment and energy reporter.