This article has been translated by Ana María González, retired professor of Spanish and French at Texas Lutheran University. Read the story in English here.

El maestro de matemáticas de octavo grado, Israel del Valle, colocó un billete de $100 en una pizarra, asegurándolo en su lugar con un imán.

Los nueve estudiantes espaciados en el aula de Matthey Middle School en el lado sur de San Antonio se sentaron un poco más erguidos, ansiosos por ganar ese dinero respondiendo una pregunta imposible: ¿Dónde está ubicado el signo de porcentaje en sus calculadoras gráficas? Del Valle sabía que no perdería 100 dólares ese miércoles por la mañana.

Pero no habría sido la primera vez que Del Valle perdiera dinero con un estudiante, y puede que no sea la última. El Maestro del Año del Distrito Escolar Independiente de Southside 2021 está ofreciendo a sus estudiantes $1,000 si obtienen un puntaje perfecto en el examen estandarizado estatal de matemáticas de octavo grado, parte de las Evaluaciones de Preparación Académica del Estado de Texas (STAAR, por sus siglas en inglés).

Una nota en la pizarra de Del Valle esa mañana alertó a los estudiantes que faltaban 18 días escolares para el examen de STAAR. Cada día cuenta para Del Valle y su colega maestra, Amanda Wilson, quienes pasaron las primeras nueve semanas de clases enseñando virtualmente a todos los estudiantes. Los estudiantes comenzaron a regresar al salón de clases en diciembre, y aunque no todos regresaron en persona (el 43% de ellos todavía toman clases virtuales), los que sí volvieron a las aulas han mostrado un tremendo crecimiento, señaló Del Valle.

El consenso general de Del Valle, Wilson y sus estudiantes es que el aprendizaje virtual realmente no les funcionó. Wilson dijo que sin poder establecer conexiones con los estudiantes en persona, involucrarlos por videoconferencia en Zoom era difícil. Algunos estudiantes no pudieron concentrarse debido a otras distracciones, como las tareas del hogar o los hermanos, y otros simplemente no se inscribieron, explicó Del Valle.

“Como tengo dos hermanos pequeños, estábamos todos juntos en la misma habitación, o uno estaba en la cocina y los otros en la sala, pero todos muy cerca”, dijo la estudiante de octavo grado Sophia Sánchez.

La Agencia de Educación de Texas estima que los estudiantes han perdido más de cinco meses de aprendizaje desde marzo de 2020, aunque ese cálculo es solo aproximado según los estándares de la agencia. El tiempo de aprendizaje real que los estudiantes han perdido probablemente sea casi de un año.

Los estudiantes de octavo grado en Matthey, el 86% de los cuales se consideran en desventaja económica, tomaron el examen STAAR de matemáticas el martes, casi un mes después de lo que se hubieran realizado las pruebas estandarizadas estatales en un año escolar normal. Las pruebas ayudarán a medir el progreso académico de los estudiantes durante la pandemia. Después de cancelar los exámenes estandarizados el año pasado, los funcionarios estatales y federales han ordenado que los estudiantes tomen los exámenes este año, a pesar de la indignación generalizada de los superintendentes, políticos y defensores de la educación. Creen que obligar a los estudiantes a presentarse en persona para tomar las pruebas genera un mayor riesgo de exponerse al COVID-19 y que los maestros pueden evaluar a los estudiantes sin los exámenes.

Los estudiantes llenan los pasillos de Matthey Middle School entre una clase y otra. Credit: Scott Ball / San Antonio Report

En el salón de clases de Del Valle, los estudiantes revisaron sus calculadoras en busca de un botón que no estaba allí. Wilson caminó por el aula y animó a los estudiantes a completar el desafío de 25 segundos. “¿Sabes cuántas hamburguesas con queso puedes comprar con $100?” les preguntó.

Pasaron los 25 segundos y nadie había localizado el signo de porcentaje en la calculadora. Del Valle les dijo que no existe y que tienen que convertir porcentajes a números enteros para resolver la ecuación. Suspiros y gemidos brotaron de los estudiantes. Les recordó que movieran el punto decimal hacia la izquierda dos veces para convertir un porcentaje en un número entero.

“¿Quién es tu mejor amigo en octavo grado?” Les preguntó Del Valle.

“¡Los decimales!” respondieron los estudiantes.

Las tácticas que Del Valle y Wilson han estado usando a medida que más y más estudiantes han regresado al aula del centro de aprendizaje virtual es un modelo de instrucción conocido como la liberación gradual de responsabilidad, explicó el director de la Escuela Matthey, Miguel Martell. El marco de enseñanza transfiere gradualmente la responsabilidad de realizar una tarea de los maestros a los estudiantes, y los estudiantes se ayudan entre sí a comprender la tarea o el concepto a lo largo del proceso, según la Asociación para la Supervisión y el Desarrollo Curricular (Association for Supervision and Curriculum Development), una organización educativa sin fines de lucro.

Eso es lo que estaban haciendo Del Valle y Wilson cuando le mostraron a la clase cómo resolver una ecuación de álgebra con variables en ambos lados de la ecuación. La clase primero vio un video donde se mostraba cómo resolver la ecuación. Luego Wilson desglosó cada paso para resolver la ecuación en la pizarra, mientras que Del Valle caminaba por el aula y ayudaba a los estudiantes individualmente. Cuando Wilson hablaba con la clase sobre el problema, involucró a los estudiantes preguntándoles por qué estaban haciendo cada paso, con pausas para responder cualquier pregunta.

Del Valle y Wilson han hecho todo lo posible para que los estudiantes presten atención y hagan su trabajo. Usan acentos o accesorios tontos mientras enseñan. Bromean entre ellos y con los estudiantes. Cuando los estudiantes responden a las preguntas correctamente o leen un pasaje en voz alta, les arrojan un dulce de Jolly Rancher. Son cosas que no se pueden hacer virtualmente.

“Es más difícil lograr ese nivel de participación, especialmente si estoy mirando una pantalla en negro”, dijo Wilson.

Amanda Wilson, colega de la clase de matemáticas, trabaja a través de una ecuación con los estudiantes. Credit: Scott Ball / San Antonio Report

Jesús Lozada, otro de los estudiantes de Del Valle, dijo que a menudo ponía excusas para no asistir a clases virtuales solo porque era posible hacerlo. Nadie se aseguraba de que participara hasta que uno de sus maestros llamó a sus padres. Lo hicieron regresar personalmente a la escuela en enero.

“No me gustó”, comentó Jesús al referirse a la instrucción remota. “No había reglas. Podías estar en clase sin restricciones.”

Sophia dijo que no le gustaban las clases virtuales porque sentía que la escuela no importaba. Nadie la motivaba para hacer su trabajo. Se distraía con su teléfono celular en lugar de poner atención a la clase.

Tanto Jesús como Sophia prefieren ir a la escuela en persona porque sus maestros están ahí para animarlos y es más fácil hacerles preguntas. También disfrutan de la forma en que Del Valle les enseña y los escucha. Les gusta que bromee, pero también sabe qué decir para ayudarlos a entender lo que está enseñando. Se sienten confiados con el material que han aprendido desde que regresaron al salón de clases y están listos para tomar el examen STAAR.

El cambio a la instrucción presencial ha permitido mejorar las calificaciones de ambos estudiantes. Jesús estaba reprobando la clase de Del Valle antes de regresar porque no se conectaba a sus clases. Ahora está sacando puntajes perfectos en las pruebas semanales que les da Del Valle. Sophia recibía calificaciones de 60 y 70 en su trabajo virtual, pero ahora también está logrando puntajes perfectos en las pruebas. Le fue tan bien en una prueba que ganó $100 en la clase de Del Valle, mismos que gastó en souvenirs en México.

Sophia Sánchez, de 14 años, toca el clarinete en una sala de práctica. Credit: Scott Ball / San Antonio Report

Jesús dijo que el hecho de que Del Valle use el dinero para motivar a los estudiantes se siente como si “estuviera invirtiendo en nosotros”.

“Él confía en nosotros”, dijo. “Me siento halagado de que un maestro pueda sentirse así. Siempre piensas en un maestro como un anciano gruñón o una anciana gruñona. A veces es enojón, pero también sabe ponerse a nuestro nivel”.

El dinero que Del Valle ha estado entregando a los estudiantes es su forma de usar los $3,000 que ganó cuando el Distrito Escolar de Southside lo nombró Maestro del Año. Es por eso que está ofreciendo $1,000 a sus 116 estudiantes si obtienen una calificación perfecta en el examen STAAR de matemáticas. Les dijo a sus alumnos: “Si pueden demostrar que soy el Maestro del Año, les devolveré ese dinero a ustedes”.

Ocho estudiantes posiblemente podrían hacerlo, dijo Del Valle. Si aprueban el examen, bromeó diciendo que tendría que conseguir un préstamo, a pesar de que ya tiene un segundo trabajo en el área de equipaje del aeropuerto.

Pero el STAAR es solo el primer obstáculo para estos estudiantes. Después de las pruebas estandarizadas, Del Valle y Wilson pasarán a revisar los fundamentos del álgebra que estos estudiantes de octavo grado comenzarán el próximo año escolar. Ese trabajo es tan importante para el futuro de los estudiantes como desarrollar las habilidades matemáticas de séptimo grado que los estudiantes perdieron el año pasado.

“Nuestra prueba de STAAR suele ser la primera semana de abril y se retrasó hasta mediados de mayo”, indicó Del Valle. “Eso básicamente nos dio casi un mes de instrucción adicional, lo que nos permitió poner al día a algunos de esos muchachos y luego, lo que es más importante, realmente perfeccionar las habilidades de octavo grado que van a usar el próximo año”.

Brooke Crum

Brooke Crum is the San Antonio Report's education reporter.